domingo, 28 de mayo de 2017

Ahí ...

Frecuentemente siento que todo lo fuerte,
 todo lo que me pega, bueno o malo,
se aloja de mi pera a mi diafragma.

No tengo que viajar a ningún sitio
ni torear mi adrenalina
con verónicas
 seductoras de moles inocentes.

Todo me pasa ahí
-exactamente ahí-.

No importa dónde ande
ni con quién o por qué.

Ahí es donde está mi caballo de Troya.